Artículo de: Eulalia Asiain
La pregunta versa sobre el sustantivo experiencia y el atributo mística. La verdad es que la experiencia y la mística son dos realidades íntimamente unidas. Una experiencia mística es algo que atañe al centro más profundo de la persona, al espíritu, a lo trascendente, a lo que va más allá de los afanes cambiantes de cada época. De ahí que para responder, no sólo desde lo meramente académico o conceptual-filosófico, se requiera haber, al menos, rozado esas fronteras. Los místicos son los que están “autorizados” a balbucear algo de lo que han “visto”, “oído”, “tocado”, “sufrido”, “saboreado”, en una palabra, experimentado. Intentaré responder a la pregunta desde la certeza-convicción que me ha dado el haber experimentado que estamos dotados para la trascendencia y que nos constituye la capacidad de infinito.
- ¿Qué es una experiencia? Una forma de conocer; un conocer desde dentro, desde la propia relación con las cosas; algo vital que se padece en la propia carne, si no, no es experiencia; una conciencia viva que agarra a la persona y, según la intensidad, la impele a un cambio de vida, pasando incluso por las mayores dificultades.
- Mística: Trascripción del adjetivo griego mystikós. Remite a algo oculto, no accesible a la mirada, a algo de lo que no se puede hablar. Aplicada a la teología designa una determinada experiencia de unión con lo divino; experiencia de la presencia de Dios en el espíritu; experiencia gozosa del Absoluto; toma de conciencia de una unión o unidad con o en algo inmensamente más grande que el yo empírico.
Ningún siglo -dice Martín Velasco- no ha producido tantos estudios sobre la mística como los que nos ha legado el siglo XX. Por otra parte, no hay palabra –según Dean Inge- que haya sido empleada con tanta imprecisión.
A partir del siglo XVII, la palabra mística se emplea como un adjetivo sustantivado, referido a las personas que viven o padecen experiencias místicas, y también como sustantivo para definir un ámbito de un saber religioso especial: La teología mística. Más tarde, la expresión fenómeno místico -un hecho humano presente en todas las religiones y que más adelante comenzará a manifestarse en formas incluso no religiosas- se impondrá. Contiene aspectos visibles, que confieren a lo místico un cuerpo histórico: el lenguaje de los místicos, los peculiares estados de conciencia, los fenómenos psicofísicos que padecen muchos de los sujetos que viven las experiencias místicas y los hechos sociales (monasterios contemplativos cristianos; la tariqa sufí musulmana; los axrams hindus; la sangha del budismo Thesavada, etc.) Los recientes descubrimientos relativos a la base cerebral de las experiencias de los místicos constituyen un nuevo elemento del ámbito observable, visible del hecho místico.
La Tradición mística afirma que la dimensión más profunda de la persona es lo que llamamos “Dios” (Absoluto, Real, Todo, Uno, Bien, Verdad…) y que la tarea del ser humano es desarrollar esa capacidad que nos hace confinar con el infinito.
Algunos rasgos que caracterizan la experiencia mística:
-Certeza de haber entrado en contacto con un más allá de lo que es visible, con el descubrimiento de una realidad completamente nueva y definitiva que inaugura en la vida una etapa radicalmente nueva. Certeza de que la vida ordinaria y el mundo que se le ofrece, sensitivo-racional, no lo es todo y que existe otro nivel de realidad -inteligencia espiritual- más elevado y más íntimo, que no se puede percibir por los sentidos ni por la mente que actúa sobre la base de los sentidos.
-Pasividad-sorpresa, que se vive como un ser poseído por la realidad conocida que le provoca la experiencia mística. No es el resultado de búsqueda o esfuerzo personal. Se da a gustar en nube, en tinieblas, en síntesis de contrarios: radiante oscuridad, música callada, soledad sonora… En el cristianismo se le llama actitud teologal.
-Ruptura-cambio en la persona ante el nuevo conocimiento, ante la apertura de horizonte. Lo anterior se opaca, se impone un cambio radical en la conciencia y en el comportamiento, de acuerdo a la intensidad de la experiencia. No es el que, la que era, siendo el mismo/la misma.
-Necesidad de comunicar lo experimentado, es tal el impacto que no se puede callar.
Una experiencia mística es una experiencia que la psicología personalista identifica como experiencia cima, que produce un impacto importante y más o menos duradero en la vida de las personas, experiencia de trascendencia. Pone en juego las dimensiones más profundas de la persona, libera las energías más poderosas del ser humano, amplía el horizonte de consciencia y va más allá de los límites de las posibilidades naturales del conocimiento.
Ser místico no es nada más, ni nada menos, que, alimentar la capacidad espiritual de la persona, no dejar que se atrofie, porque nadie no tiene una idea más alta sobre el hombre que aquel que descubre, en él mismo, la dimensión trascendental que le constituye.
En cuanto a diferenciar entre experiencia mística religiosa o profana diremos que en la primera, la experiencia es de una realidad que se identifica como Dios, Uno, Divino, Infinito, Absoluto, realidad de Misterio; la segunda remite a un mundo de fenómenos muy variados que dan lugar también, a muy variados nombres: mística natural, salvaje, atea, cumbre, sentimiento oceánico…; se realizan al margen de las religiones establecidas y no identifican su objeto o contenido con palabras del vocabulario de las tradiciones religiosas, sino con términos limítrofes al religioso como el Bien, lo Uno, el Ser, el Todo…
Como punto final dos estrofas de un sublime poema de uno de los místicos de alcance universal y de todos los tiempos San Juan de la Cruz:
Entréme donde no supe,
y quédeme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
………………………………………..
Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo
toda ciencia trascendiendo.
- ¿Qué es una experiencia? Una forma de conocer; un conocer desde dentro, desde la propia relación con las cosas; algo vital que se padece en la propia carne, si no, no es experiencia; una conciencia viva que agarra a la persona y, según la intensidad, la impele a un cambio de vida, pasando incluso por las mayores dificultades.
- Mística: Trascripción del adjetivo griego mystikós. Remite a algo oculto, no accesible a la mirada, a algo de lo que no se puede hablar. Aplicada a la teología designa una determinada experiencia de unión con lo divino; experiencia de la presencia de Dios en el espíritu; experiencia gozosa del Absoluto; toma de conciencia de una unión o unidad con o en algo inmensamente más grande que el yo empírico.
Ningún siglo -dice Martín Velasco- no ha producido tantos estudios sobre la mística como los que nos ha legado el siglo XX. Por otra parte, no hay palabra –según Dean Inge- que haya sido empleada con tanta imprecisión.
A partir del siglo XVII, la palabra mística se emplea como un adjetivo sustantivado, referido a las personas que viven o padecen experiencias místicas, y también como sustantivo para definir un ámbito de un saber religioso especial: La teología mística. Más tarde, la expresión fenómeno místico -un hecho humano presente en todas las religiones y que más adelante comenzará a manifestarse en formas incluso no religiosas- se impondrá. Contiene aspectos visibles, que confieren a lo místico un cuerpo histórico: el lenguaje de los místicos, los peculiares estados de conciencia, los fenómenos psicofísicos que padecen muchos de los sujetos que viven las experiencias místicas y los hechos sociales (monasterios contemplativos cristianos; la tariqa sufí musulmana; los axrams hindus; la sangha del budismo Thesavada, etc.) Los recientes descubrimientos relativos a la base cerebral de las experiencias de los místicos constituyen un nuevo elemento del ámbito observable, visible del hecho místico.
La Tradición mística afirma que la dimensión más profunda de la persona es lo que llamamos “Dios” (Absoluto, Real, Todo, Uno, Bien, Verdad…) y que la tarea del ser humano es desarrollar esa capacidad que nos hace confinar con el infinito.
Algunos rasgos que caracterizan la experiencia mística:
-Certeza de haber entrado en contacto con un más allá de lo que es visible, con el descubrimiento de una realidad completamente nueva y definitiva que inaugura en la vida una etapa radicalmente nueva. Certeza de que la vida ordinaria y el mundo que se le ofrece, sensitivo-racional, no lo es todo y que existe otro nivel de realidad -inteligencia espiritual- más elevado y más íntimo, que no se puede percibir por los sentidos ni por la mente que actúa sobre la base de los sentidos.
-Pasividad-sorpresa, que se vive como un ser poseído por la realidad conocida que le provoca la experiencia mística. No es el resultado de búsqueda o esfuerzo personal. Se da a gustar en nube, en tinieblas, en síntesis de contrarios: radiante oscuridad, música callada, soledad sonora… En el cristianismo se le llama actitud teologal.
-Ruptura-cambio en la persona ante el nuevo conocimiento, ante la apertura de horizonte. Lo anterior se opaca, se impone un cambio radical en la conciencia y en el comportamiento, de acuerdo a la intensidad de la experiencia. No es el que, la que era, siendo el mismo/la misma.
-Necesidad de comunicar lo experimentado, es tal el impacto que no se puede callar.
Una experiencia mística es una experiencia que la psicología personalista identifica como experiencia cima, que produce un impacto importante y más o menos duradero en la vida de las personas, experiencia de trascendencia. Pone en juego las dimensiones más profundas de la persona, libera las energías más poderosas del ser humano, amplía el horizonte de consciencia y va más allá de los límites de las posibilidades naturales del conocimiento.
Ser místico no es nada más, ni nada menos, que, alimentar la capacidad espiritual de la persona, no dejar que se atrofie, porque nadie no tiene una idea más alta sobre el hombre que aquel que descubre, en él mismo, la dimensión trascendental que le constituye.
En cuanto a diferenciar entre experiencia mística religiosa o profana diremos que en la primera, la experiencia es de una realidad que se identifica como Dios, Uno, Divino, Infinito, Absoluto, realidad de Misterio; la segunda remite a un mundo de fenómenos muy variados que dan lugar también, a muy variados nombres: mística natural, salvaje, atea, cumbre, sentimiento oceánico…; se realizan al margen de las religiones establecidas y no identifican su objeto o contenido con palabras del vocabulario de las tradiciones religiosas, sino con términos limítrofes al religioso como el Bien, lo Uno, el Ser, el Todo…
Como punto final dos estrofas de un sublime poema de uno de los místicos de alcance universal y de todos los tiempos San Juan de la Cruz:
Entréme donde no supe,
y quédeme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
………………………………………..
Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo
toda ciencia trascendiendo.
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