Está en mente de todos la postura que adoptan los jóvenes cuando se trata de realizar un proyecto. La mayoría quiere que sea rápida su realización, la mayoría espera resultados inmediatos y a corto plazo. Me pregunto si a esas edades tienen clara la diferencia entre una acción a corto plazo y a largo plazo. Me pregunto si están preparados para ser corredores de fondo antes que corredores de 100 metros lisos.
Me sirve toda está polémica para trazar una diferencia substancial que existe entre actuar a corto plazo o a largo plazo. Se sabe, por desgracia, que la economía de los grandes números se mueve a corto plazo, es decir, maximiza resultados inmediatos. Cuando una persona se plantea algo con miras cortas tiende a maximizar también la energía necesaria para conseguirlo, también pone sobre la mesa los recursos ahora disponibles. En ambos aspectos no se vé más allá del final esperado que tiene que plasmarse en tiempo limitado. La ausencia de visión de consecuencias de dicho esfuerzo minimiza el riesgo futuro pues lo anula. Voy a poner un ejemplo, hemos estado consumiendo petróleo sin problemas durante no muchos años de forma intensiva. Apenas se ha hablado de la escasez de combustibles fósiles hasta hace pocos años, por lo tanto no parece existir percepción del riesgo futuro. No solo ello sino que como el plazo de visión es limitado se vende la idea de que podemos consumir lo que necesitemos sin problema.
Con el corto plazo existe un riesgo adherido y es que puede ser efímero. Veamos otro ejemplo, un ligue de verano es un ligue a corto plazo, rápido y divertido durante un tiempo limitado pero obviamente efímero. Me diréis que bien puede valer una experiencia corta e intensiva sin grandes repercusiones, y es cierto. Pero donde quiero ir a parar, aunque el ejemplo no sea el más acertado, es que si se quiere tener una visión más estratégica en general, más universal y más global tenemos que partir de una visión a largo plazo.
Un proyecto a largo plazo exige más esfuerzo porque aparecen por el camino obstáculos que ponen en duda las condiciones necesarias para conseguir el resultado. Léase proyectos donde cambian los actores que favorecen el proyecto. El método de un proyecto a largo plazo puede variar incluso por motivos de azar. En definitiva, creo que el control de energía, coste y tiempo es mayor cuando pensamos a largo plazo. Por ejemplo, muchos padres se plantean cuando tienen un hijo que para que éste/a tengan una autonomía de mayores es necesario que sean buenos estudiantes. Obviamente este es un proyecto a largo plazo sujeto a mil vicisitudes pero que exige perseverancia, paciencia y lo que es más, momentos bajos y altos. Según el autor de los “límites del crecimiento” del Club de Roma, cuando nos enfrentamos a problemas difíciles hay que tener una visión no inmediata sobre resultados pues la solución a veces pasa por vías que a corto plazo no suponen una mejora pero que acaban fructificando a largo plazo. El ejemplo podría ser desincentivar el consumo de la electricidad con precios más altos en tramos de consumo elevados para no padecer colapso energético en el futuro.
Un último apunte sobre el tema sería la controversia sobre si planificar o no planificar tanto sino ser más intuitivos. Hay autores que abogan por planificar pues tenemos escasez de tiempo, recursos y energía. Otros comentan que a la práctica se reacciona con mayor o menor medida a los contratiempos que van surgiendo. Creo que no está reñido una opinión y la otra pues ambas tienen razón: planificar sí pero sujeto a variaciones por la necesaria adaptación al entorno.
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