Un artículo de: Antonio Garcia
Cada museo tiene una personalidad propia, que depende, sobre todo de su contenido, de la obra que contiene, pero también del lugar donde esta situado, de la ciudad y del país que lo crearon.
Cada museo tiene una personalidad propia, que depende, sobre todo de su contenido, de la obra que contiene, pero también del lugar donde esta situado, de la ciudad y del país que lo crearon.
El Ermitage, a lo largo de su historia se ha convertido en un símbolo para los rusos.
Su origen se remonta a Pedro el Grande, quien lo mandó construir, como residencia imperial.
El zar eligió el malecón del río Neva para su emplazamiento.
Más tarde Catalina II, al subir al trono de Rusia en 1762, hizo ciertos cambios en la decoración de los interiores del palacio y ordenó construir dos edificios más al lado de la residencia imperial que acogerían, sus colecciones de arte occidental.
En 1839, por orden de Nicolás I se construyó el último edificio del complejo, y en 1852 se abrió al público de modo restringido (sólo se podía entrar con invitación).
Las colecciones del museo, no pararon de crecer.
En el verano de 1917, con la I Guerra Mundial, desaparece el reinado de los Románov.
El Palacio de Invierno se convierte en la sede del gobierno provisional burgués.
El 30 de octubre de 1917 el Comité militar revolucionario proclamó que todo el Palacio de Invierno pasaba a ser museo nacional.
Después de varias vicisitudes, como la venta de miles de obras de arte incluidas algunas obras maestras, para intentar mejorar la situación financiera del país, comienza la Segunda Guerra Mundial.
En el verano de 1941 antes de cerrarse el cerco del bloqueo alemán, de Leningrado (así se llamaba San Petersburgo de 1924 a 1991), la mayor parte de las colecciones del museo fue llevada por tren a los Urales. No obstante, una parte quedó en la planta baja y en el sótano donde durante 900 días de bloqueo, pese al frío, al hambre y a los bombardeos nazis, fue custodiada por el personal del museo. En 1945, las obras evacuadas volvieron a ocupar sus sitios en las salas y pese a los trabajos de restauración, que duraron años, el Ermitage volvió a abrir sus puertas al público.
El museo esta lleno de maravillas como las bibliotecas de Voltaire y Diderot o Las Logias de Rafael.
El problema es que sus fondos contienen millones de obras de arte, tardaríamos varios años en verlo todo.
En mi visita un tanto accidentada y con las prisas por intentar ver el mayor número de obras, recuerdo haber visto en la sala de arte neerlandés un cuadro, de dos metros de altura en el que había pintado, un árbol, que ocupaba gran parte de la superficie del lienzo, al fondo, unos agricultores apenas visibles. Nunca había visto un árbol tan bien representado, parecía que sus hojas habían sido pintadas una a una, era de un preciosismo exagerado, sin embargo, no recuerdo ni el nombre del pintor ni el título del cuadro.
Así es el Ermitage , lleno de sorpresas i también inabarcable.
Algunas obras que podemos ver:
Afrodita (Venus de Táuride) Es una copia romana del original griego del siglo III a. de C. en mármol.
Los griegos accedieron a la belleza artística a través del estudio profundo de las proporciones y esta estatua es un ejemplo de ello.
Leonardo da Vinci (1452-1519)
La Virgen de la flor (1478) es un cuadro de juventud de Leonardo. Las facciones de la virgen no están idealizadas, el pintor, la representa como una joven florentina más que juega con su hijo.
Virgen con el Niño (1480) En esta otra virgen, la madurez de Leonardo es más evidente, es una verdadera obra maestra. La precisión del dibujo y el color, su famoso “sfumato” son magníficos.
El pintor coloca al fondo del cuadro, dos ventanas arqueadas con un paisaje en tonos azulados, una a cada lado de la virgen. Con ello consigue dar luminosidad y volumen al cuadro.
Caravaggio (1571-1610) La influencia de su pintura en los contemporáneos fue enorme
El joven del Laúd ilustra perfectamente las innovaciones técnicas del pintor utilizando un procedimiento especial para acentuar el contraste entre la luz y las sombras.
Rembrandt (1606-1609) El Ermitage posee una colección de veinte cuadros que reflejan toda su vida.
Comienza con un retrato de su mujer Saskia.
Saskia en Flora (1634) pintada como una diosa de la naturaleza. El pintor, enamorado de su mujer la representó con un espléndido vestido y una corona de flores. Para Rembrandt, esa fue la mejor etapa de su vida: rico, famoso y enamorado. Ella murió temprano. Rembrandt perdió fama y riqueza. A pesar de todo creó otra obra maestra:
Dánae (1636) Según la mitología griega, Zeus, le hace el amor en forma de lluvia de oro. Mas tarde, (como predijo el oráculo de Delfos), nacerá el hijo de ambos, Perseo, quien acabará matando a su abuelo, el rey Acrisio.
En 1985 el lienzo fue salpicado con ácido sulfúrico y recibió dos cuchilladas. Los restauradores acudieron rápidamente. El minucioso trabajo de restauración duró casi doce años, a lo largo de los cuales los especialistas lograron fijar la capa de pintura original y cubrir con colores próximos a los del autor los fragmentos totalmente perdidos, renunciando a reproducir la pintura de Rembrandt.
En 1997 Dánae volvió a ocupar su lugar en la exposición.
Sus obras buscaban constantemente la profundización del espíritu humano a través del estudio psicológico que hacia de sus personajes en sus cuadros. Aspecto que solía pasar desapercibido a sus contemporáneos.
Vicent Van Gogh (1853-1890)
Influido totalmente por los impresionistas, pero con un estilo propio, con un colorido más vivo que el de la propia naturaleza.
Los cuatro cuadros que hay en el museo son los de su último periodo antes de su suicidio.
Las chozas (1890) pertenece a una serie de cuadros que Van Gogh realizó en la región de Ille de France en la población de Auvers-sur-Oise.
Le gustaban las chozas las casas sencillas de esta región y el contraste con el verde de los prados.
Es llamativa la densidad de la pintura que utiliza y las tonalidades del color que consigue mezclando directamente el óleo en el lienzo.
Todo en el cuadro son curvas y movimiento