Uno de los temas de mayor entusiasmo entre la
población es el tema de la identidad. La identidad puede enfocarse de forma
individual, social o cultural. La identidad individual parte de las características
físicas y psicológicas de la persona y está estrechamente ligada a la social y
a la cultural. No van errados quienes dicen que nuestras relaciones nos definen
y que un cierto sentido de pertenencia – no de posesión – nos enmarca una
personalidad. La identidad cosmopolita, a diferencia de la patriótica, rompe
con la necesidad de sentirse ligado a una comunidad y es, en sentido liberal,
la de mayor comprensión hacia la totalidad y la de menor arraigo. El encuadre
natural y paisajístico acaban de definir también nuestra identidad.
De la
necesidad de sentirnos identificados proviene también los conceptos más
complejos como el nacionalismo o identidad política. No quisiera hablar de ella
por su dificultad. Antes quisiera comentaros que la identidad cultural cambia
de signo cuando abarcamos la evolución como condiciones sine quanum del
desarrollo humano. Por ejemplo, en comunidades más cerradas, es decir, con
menor comunicación con gentes de otras culturas
y de tendencia más homogéneas, la identidad cultural se define a partir
del entorno natural, la lengua, la religión o nuestros grupos sociales. Cuando
introducimos el factor de mayor extensión de contacto e interdependencia
evolutiva con gentes diversas, la identidad cultural reside mucho más sobre el conjunto de creencias,
valores y estilos de vida. Por ello, en estos últimos ámbitos es fácil
encontrar que nuestra identidad cultural esté determinada por una cultura geográficamente lejana. Supongamos
que tengo una valoración alta sobre el sistema de vida ecológico, es posible
que en este caso mi identidad cultural me aproxime a las culturas nórdicas.
Esta visión hace que existan elementos interesantes de identidad evolutiva que
permite mayor flexibilidad de comportamientos y relaciones.
La identidad
social se enmarca en la comunidad y, al igual que he comentado anteriormente,
las sociedades abiertas prometen un intercambio de experiencias de tal magnitud
que una persona no se halla inscrita – socialmente hablando – a un o pocos
grupos sociales sino que intercambia relaciones en grupos diferenciados. Por lo
tanto su identidad personal evoluciona de forma más rica pero no por ello de
apariencia más superficial. Esto lo
comento porque sí que existe un cierto debate en que la persona tiende a tener
mayor grado de identificación cuando “pertenece” a grupos homogéneos en
características determinadas. El saber moverse por “grupos distintos” obliga a
la persona a encarar más su propia identidad psicológica y por ello cierto
grado de homogeneidad en algún grupo que le rodea es imprescindible.
La identidad
cosmopolita se da en pocas personas ya que se trata de sentirse como en casa en
cualquier parte del mundo. Cabe pensar que el “mundo” no solo es el conjunto de
regiones del planeta sino también el conjunto de personas de diferente
categoría que existen. Existe una
tendencia del ser humano a categorizar
al otro, quizás como medio de defensa. Cuando se evoluciona de forma
interesante, se tiende a disminuir esta
sensación de imprimir una categoría a la persona que tienes delante. Ya no
diremos: éste es sudamericano, el otro es católico, y el de más allá es de
izquierdas. La relación se hace más transparente y menos sometida a la
rigurosidad de los adjetivos que solemos fácilmente colocar en la personalidad
del vecino. Esta aptitud la consiguen
los cosmopolitas.
Por último,
cabría ser realista que hablar de identidad es también hablar de nuestras
limitaciones. Zygmunt Bauman señala que una vida sometida a la supervivencia
económica limita mucho el ámbito de la identidad de la persona. La escasez de
recursos puede acabar explicando con peso qué identidad tiene una persona.
Para abordar
mejor el tema de la identidad os señalo tres libros de interés:
Bilbeny, Norbert. “La identidad
cosmopolita: los límites del patriotismo
en la era global”. Barcelona: Kairós,
2007
Bauman, Zygmunt. “Identitat: converses
amb Benedetto Vecchi”. València,
Universitat de València, 2005.
Aguirre Baztán, Angel. “Identidad
cultural y social”. L’Hospitalet de Llobregat: Bárdenas, 2000.
En todo caso,
hablar de identidad es hablar de un concepto complejo. He querido esbozar
ciertas ideas. Existe más bibliografía sobre el tema de la que he tratado para
escribir este artículo. En bibliotecas universitarias encontraréis mayor oferta
de conocimiento sobre el concepto de identidad.