Todos hemos visto, aunque sea en fotografía,
esta maravillosa escultura griega, considerada por muchos, uno de los grandes
iconos del arte europeo.
Fue descubierta en 1863, junto a diferentes
bloques de mármol, que hacia 1875 se confirmó, formaban parte de la base de la
figura.
Los rodios la regalaron al santuario de Cabiros
en Samotracia para conmemorar una victoria militar naval en las costas de Síria el año190 a.C.
La escultura de una mujer con alas
desplegadas posándose sobre la proa de un barco en señal de homenaje al capitán
y a la tripulación, es una metáfora de la diosa de la victoria (Niké).
Se cree casi con toda seguridad, que su autor
fue Pithókritos, uno de los
escultores más destacados de la llamada escuela de Rodas, esto es así por las letras
encontradas, en la base de la escultura, y que coinciden con otras similares aparecidas
en diferentes partes de Grecia.
Actualmente podemos encontrarla, en el
rellano de la llamada escalera Daru del
museo del Louvre de París.
Alcanza casi los 3,3 mtos. de altura
incluyendo su base, está hecha en mármol blanco de Paros.
Aunque inicialmente fue pintada, con el paso
del tiempo, las partes policromadas prácticamente han desaparecido.
El artista trabajó tan excepcionalmente la
textura de la piedra, que las diferentes partes de la túnica se diferencian perfectamente.
La Diosa viste un jitón (especie de túnica), fina
y transparente, ligada con un nudo bajo el pecho, los numerosos pliegues de esta prenda parecen adaptarse al
cuerpo, insinuando y realzando las
formas del cuerpo femenino, es la llamada técnica de paños mojados de Fidias.
La pieza de la túnica medio envuelta en la
cintura de la diosa (himatión), sería más voluminosa y
gruesa, por ello los pliegues que
forman, caen entre las piernas y no están pegados al cuerpo, como sucede con los
de la parte superior, incluso una parte se mueve, se agita detrás de la pierna
izquierda.
La pierna derecha está adelantada y el peso
del cuerpo descansa en parte sobre ella, el tronco ligeramente girado y
levantado hacia su derecha y las alas abiertas.
Todo ello, realza la sensación de movimiento rápido
y vigoroso tan propio del estilo helenístico, como pretendía el escultor.
La escultura fue colocada en el santuario
consagrado a los dioses.
La complejidad de tantos elementos y los
cálculos realizados para conseguir que el peso de la estátua, situada sobre la
proa, se mantuviera en equilibrio,
debieron ser técnicamente muy difíciles, si tenemos en cuenta, que la base con
forma de nave se situaba sobre un estanque (o ninfeo) a dos niveles.
El nivel superior poco profundo, es el que sostenía
el barco, mientras que el inferior tenía grandes piedras que debían sugerir el
borde del mar o quizás el puerto. La Victoria se podría ver reflejada en el
estanque.
En la llamada
gran restauración (efectuada en 1883). La más importante que se ha realizado
hasta ahora, se decidió que la cabeza, los brazos y los pies, no
fueran imaginados y reconstruidos, como se había hecho con el ala derecha. Para
esta se hizo un moldeado invertido del ala izquierda en yeso.
El
resto, afortunadamente, se encontraba en muy buen estado.
Fue
fruto de la casualidad, o del destino, que el tiempo nos dejara una escultura
como la actual, una escultura que no está terminada, semidestruida, que fue de
alguna forma modificada por la decisión subjetiva de algunas personas y sin embargo y también seguramente por ello, no puede ser más misteriosa y bella.



