Con este título damos por hecho,
que las personas intentamos, en mayor o menor medida aparentar. Aparentar
significa mostrarnos en sociedad como alguien diferente en relación con QUIÉNES
SOMOS. La cuestión de fondo aquí, es plantearnos hasta qué punto las personas
sabemos quiénes somos es decir, si existe un verdadero conocimiento de nuestra
propia identidad como personas. Conocernos es saber de nosotros en base a las
experiencias personales que hemos tenido a lo largo de nuestra vida, que han
hecho de nosotros la persona que somos y lo más importante: tener plena
consciencia de cuales han sido las experiencias vitales y las personas
influyentes en nuestra vida que determinan la imagen que tenemos hoy respecto a
nosotros mismos.
Este es el punto de partida ya
que cuando analizamos quiénes somos nos permitimos encontrarnos con nosotros
mismos con quiénes somos en esencia pudiendo valorar, todos aquellos puntos
fuertes y débiles de nuestra personalidad y
temperamento. Y en esta fase no solo me analizo y me re-conozco si no
que voy más allá intentando buscar y queriendo comprender cuál es el origen de
quién soy.
La necesidad de aparentar aparece
cuanto menos trabajada está esta fase de autoconocimiento. Es decir, cuando
menos sabemos quiénes somos o cuando lo que creemos que somos no nos gusta por
qué no entendemos su verdadero origen es entonces, cuando sentimos una necesidad real de
aparentar. Aparentar conlleva no solo a pretender “esconder” nuestras carencias
si no que implica también “mostrar” lo que no somos. Cuando aparentamos
pretendemos ser justamente lo contrario de lo que somos.
La apariencia es un arma de doble
filo ya que aunque instantáneamente nos hace “sentirnos bien”, en nuestro
interior está produciendo un efecto totalmente contrario ya que cuanto más
aparentamos, peor nos sentimos con nosotros mismos. Hacer esfuerzos por ser
quienes realmente no somos, hace que vayamos en nuestra contra. La apariencia se
convierte así, en una especie de auto castigo al que nos sometemos por el hecho
de no gustarnos.
La apariencia se nota. Cuando
pretendemos mostrarnos como no somos esa persona que pretendemos que los demás
vean tiene los días contados. Fingir es complicado y con el tiempo nos cansa.
Es fácil que en medio del aparentar se nos escapen debilidades que delatan que
estamos detrás de una máscara que esconde complejos.
La clave para evitar aparentar es
el AMOR hacía uno mismo. Querernos y aceptarnos como somos hace que podamos
vivir en armonía con nosotros y con el mundo que nos rodea. Quererse es hacer
el tránsito hacía la aceptación de uno mismo y eso significa, que debemos
aprender a amar incluso a nuestras carencias. Cuanto más nos queremos, más
gozamos de felicidad verdadera de la que sale de nuestro verdadero ser y que no
necesita ser aparentada para parecer real.