viernes, 26 de noviembre de 2010

LA SOBERANÍA ALIMENTARIA

ARTÍCULO DE: ANTONIA CABRERA

La soberanía alimentaria es el DERECHO de los pueblos, de los Países, a definir su política agraria y alimentaria. El derecho de los campesinos a producir alimentos y el derecho de los consumidores a poder decidir lo que quieren consumir y, cómo y quién se lo produce.

La soberanía alimentaria es un concepto que fue introducido en 1996 por Vía Campesina en Roma, con motivo de la Cumbre Mundial de la Alimentación de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La Vía Campesina es una organización compuesta por 148 organizaciones de campesinos e indígenas que agrupan a 200 millones de personas, con implantación en 69 países.

Se entiende como la facultad de cada Estado para definir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo a objetivos de desarrollo sostenible y seguridad alimentaria. Ello implica la protección del mercado doméstico contra los productos excedentarios que se venden más baratos en el mercado internacional, y contra la práctica del dumping (venta por debajo de los costos de producción).

Este nuevo concepto, constituye una ruptura con relación a la organización actual de los mercados agrícolas puesta en práctica por la OMC (Organización Mundial del Comercio). En contraste a la seguridad alimentaria definida por la FAO, que se centra en la disponibilidad de alimentos, la soberanía alimentaria incide también en la importancia del modo de producción de los alimentos y su origen. Resalta la relación que tiene la importación de alimentos baratos en el debilitamiento de producción y población agraria locales.

La Soberanía Alimentaria está permitiendo construir un movimiento social que crece a gran velocidad. Se trata de seguir trabajando en profundidad en lo local y a la vez ir conectándonos hacia lo más global, desde nuestras limitaciones y contra la globalización capitalista. Si realizásemos una encuesta sobre los grandes problemas ambientales señalaríamos sin duda, el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad. En cambio, la pérdida de biodiversidad agrícola y sus causas (la sustitución de variedades locales por semillas mejoradas, la apropiación privada del patrimonio genético, la deslocalización de la producción y la homogeneización del consumo), no se identifican todavía por una gran parte de la opinión pública como amenazas sobre la disponibilidad y la calidad de los alimentos.

Quiero explicar un ejemplo en torno a la Tomàtiga de ramellet que se desarrolla en Baleares basándome en el artículo publicado en la revista de Soberanía Alimentaria biodiversidad y culturas el 23 de agosto 2010 escrito por Aina Maria Socies y Juan José Soriano. La Tomàtiga de ramellet es una variedad local, fruto del trabajo de muchas generaciones, que tiene como característica principal su capacidad de conservarse fresco por sí mismo más de nueve meses en forma de ristras colgadas de los techos. Forma parte de la identidad del pueblo de Mallorca porque es la única variedad de tomate que permite el consumo también durante el invierno, sobre todo con uno de los platos más típicos de la isla, el “pa amb oli”. Las semillas han llegado hasta la población de mano en mano. Las mujeres son las que renuevan y transmiten con sus conocimientos. La Tomàtiga de ramellet es el núcleo de un sistema de producción agroecológicamente importante por su sostenibilidad económica y por su integración con el medio rural mallorquín.

Hace unos meses llegó a la Conselleria de Agricultura i Pesca del Govern Balear la propuesta de promocionar la Tomàtiga de ramellet mediante un distintivo de calidad de Indicación Geográfica Protegida (IGP). La propuesta proviene de una empresa de hortalizas y frutas que produce un tomate de colgar de apariencia externa similar a la Tomàtiga de ramellet pero que en realidad no tiene ni la capacidad de conservación, ni el olor y el sabor de la variedad tradicional. Este tomate, a pesar de la diferencia de calidad, se puede encontrar en los supermercados Mercadona marcado como el de ramillete.

Desgraciadamente no es este el único caso. Existe otra variedad de tomate que se puede encontrar tanto en el mercado, como en los supermercados Eroski. En ambos casos son empresas de agricultura intensiva que producen en invernaderos y que no cierran el ciclo de las semillas. El problema vino cuando en unas jornadas convocadas por la Conselleria para debatir la creación de la IGP de la Tomàtiga de Ramellet y querían incluir tanto al tomate local como al tomate de invernadero.

Desde la Associació de Varietats Locals se defiende que el tomate híbrido no salga al mercado como Tomàtiga de ramellet y ha planteado la propuesta de impulsar una Denominación de Origen que defienda a los productos de la Huerta de Mallorca y al sistema de cultivo tradicional que dé cobertura no sólo al tomate sino también a todos los productos locales que todavía se cultivan en la isla al aire libre en los huertos tradicionales. El Govern Balear se ha comprometido a impulsar esta medida.

Este ejemplo demuestra que en Mallorca, como en tantos otros lugares del mundo, no está amenazada sólo la supervivencia de una variedad local, sino el derecho a la identidad, la cultura y la soberanía alimentaria. Hay que hacer un gran esfuerzo para defender lo que es nuestro y para construir la soberanía alimentaria y evitar que las industrias agroalimentarias la destruya.

Quiero agradecer a Silvia la confianza que ha depositado en mí haciéndome partícipe en su blog.
Antonia Cabrera