Observando
y reflexionando caigo en la cuenta, que el trato que podamos tener con las
personas con quienes nos relacionamos depende principalmente, de cómo seamos
tratados por nosotros mismos. Cuando me “maltrato” poco puedo cuidar la
relación con el otro haciéndolo sentir bien y acompañado. Metafóricamente
podríamos decir, que si el árbol crece enfermo no puede dar buenos frutos.
Afortunadamente,
compruebo que a mi alrededor cada vez más personas, tienen ganas de cuidarse,
de valorarse y de sentirse bien para dar lo mejor de lo que son a los demás.
Por eso, buscan relacionarse con personas sanas de espíritu que les aporten
serenidad y con las que puedan mantener una relación libre, respetuosa y de
admiración mutua.
Claro
que, en una sociedad que nos induce a la vida rápida, el estrés, al haber de
transmitir una imagen de nosotros comercialmente aceptable con todo lo que eso
implica y en definitiva, a llevar una vida un tanto, por no decir muy,
superficial, nos dificulta el poder pararnos a cuidar la parte más profunda y
transcendental de nosotros mismos que es bien atendida y querida, la que nos
ayudará a poder mantener más que buenas relaciones con los demás, relaciones de
calidad.
Esta
opción implica tener que desprendernos de condicionantes muy arraigados a
nuestra sociedad. El buen trato para mi implica por ejemplo, priorizar las
relaciones cercanas donde se intercambie la comunicación cara a cara sin dejar
que ésta sea totalmente sustituida por la comunicación digital y el mero
intercambio de información. La proximidad al otro, la conexión de sensaciones y
experiencias y el traspaso de energías y de emociones que podemos alcanzar
mediante el trato cercano, marca la diferencia en las relaciones.
No
olvidemos también, que los espacios donde practicamos las relaciones y la manera
en como las llevamos a cabo, hace que este trato sea de menor o mayor calidad.
Estar con un amigo que nos explica su día de trabajo mientras respondemos al
chat del móvil, hace que le restemos atención y categoría a la relación. De la
misma manera que este trato, acontece diferente si se da en espacios donde
intervienen barreras físicas que solo permiten, y a veces ni eso, el traspaso
de información o bien, esta relación se da en un espacio común que permite el
vínculo entre personas y el traspaso de experiencias.
Por
lo tanto podría decir, que el buen trato entre personas es fruto de una buena
relación con nosotros mismos, de la que se desprende autosatisfacción,
bienestar y paz interior y que es ofrecida a los demás en el momento que nos
relacionamos. A partir de aquí, fluye la mejor versión de nosotros mismos y
podemos tratarnos bien dejando vía libre a la libertad y el respeto mutuo. El
trabajo interior y experimentar la práctica de habilidades como la empatía y la
asertividad términos que actualmente están muy de moda pero que en el fondo
significan respeto, son factores necesarios para conseguir un buen trato.
Intentemos
entonces, cuidarnos y cuidar a los demás siendo muy conscientes de esos
factores que interrumpen nuestra paz e interceden en nuestro cuidado interior.
De esta manera, podremos poner límites a los condicionantes de una sociedad que
denota un progreso agresivo que por contra, parece no tener límites. Todos
queremos ser bien tratados recibir
sonrisas, sentirnos entendidos y queridos... posiblemente la parte más
complicada está en saber cómo hacerlo con los demás pues a menudo, parece
difícil ofrecer tiempo, compañía o simplemente, buenas palabras. Es por esto
que para mí la clave está, en cuidar el árbol, regándolo diariamente y
haciéndolo fuerte para evitar enfermedades y poder así dar siempre, ricos
frutos.