sábado, 24 de julio de 2010

Hola amigas y amigos:
Como estamos en verano he pensado en enviaros dos historias, una la siguiente y otra a finales de agosto. Espero que os guste. El título de la historia que publico se trata de un estado emocional que lo numeré tres porque escribí sobre cinco estados.
ESTADO TRES.

No podía dormir. La pesadilla le atacaba de nuevo. Aquella pesadilla donde su mujer sollozaba, se rebelaba, le despedía entre lágrimas, le criticaba…siempre la misma pesadilla. El mismo escenario, la sala de estar, ella y él solos. Ya llevaba un mes repitiéndose el mismo sueño, de forma intermitente. Se levantaba con ojeras, tenso, con dolores musculares y con un dolor suave de cabeza pero persistente.

- ¿Otra vez ese sueño? –le preguntaba su mujer. Él asentía – Pero, ¿no consigues saber qué te echo en cara? – le inquiría con curiosidad.

- No, sólo sé que estoy hecho trizas cuando me levanto.

- ¿No deberías ir a un psicólogo? – preguntaba de nuevo su mujer.

- ¿Por un sueño?. Ni hablar, no me gasto pasta por un sueño.

De hecho, no se trataba solo de un sueño. Su intuición le decía que sabía lo que su mujer le gritaba en el sueño. No sabía bien por qué se acordaba de las veces que no la trató muy bien, aquella vez que se enfadó con ella porque quería irse de fin de semana con sus amigas, sin él. ¡Cómo que sin él!. ¡Para qué estaban las parejas!. No sabía por qué se acordaba del enfado con su hermana por el dinero de la herencia, literalmente por un problema de dinero. No eran 30.000 euros lo que le tocaba sino 50.000 y así se lo comunicó a su hermana quien ante tanta violencia verbal, cedió.

Se levantó silencioso, cabizbajo. Se sentía solo ante la enormidad del universo. Se acordó también de detalles sueltos: la vez que peloteó a su jefe para conseguir un aumento de sueldo sin decirle nada a sus compañeros; la vez que pasó olímpicamente del campeonato de su hijo, pues prefería irse de copas. Se sentó en la silla, de nuevo sudó.

Se vistió y fue al trabajo. Allí se tropezó con su eterno rival quien cínicamente le saludó. Él respondió con un saludo sincero. “Sinceridad, deseo sinceridad”- se decía a sí mismo. Mientras trabajaba, su jefe le asentó un nuevo golpe: ¡El proyecto debe estar acabado pasadomañana!. No contestó. De nuevo sudó. Trabajó duro, ni un comentario. Más de una sonrisa irónica soportó de sus compañeros. “Calma”- se dijo a sí mismo. Acabó la jornada, y sintiendo un peso en su conciencia se despidió. Entró en su casa. Saludó con delicadeza a su mujer:

- ¿Te pasa algo?- le preguntó su mujer

- Últimamente siempre me preguntas- le contestó él- ¿Has tenido un buen día?

- Sí. Te noto algo desanimado

- Nada, es que pensaba… Nos podríamos ir a cenar un día de éstos.

- Bueno

- ¿Jorge está bien?

- Preguntáselo directamente. Es tu hijo – le respondió con cierta firmeza su mujer.

Se alejó, se fue al dormitorio. Su hijo, ya sabía que era su hijo…pero…en fin, sí, cómo hablar con un adolescente de dieciséis años.

- ¿Estás leyendo un libro de poesía?- le preguntó a su mujer por la noche

- Sí

- ¿Me lees una?

- ¿Cómo dices? A ti no te gusta la poesía – le contestó su mujer

- Ya, bueno.. quizás porque no me he puesto. Pero nunca es tarde para empezar, ¿me la lees?

- David, llevas un tiempo raro. Te noto desanimado – le contestó su mujer

- Es que.. he estado pensando..bueno, quiero decir…os tengo que dedicar tiempo, no sé, digo yo.. a veces pienso demasiado en mi mismo

- Ya, ya, pero es que no estamos mal ahora

- Por cierto, si quieres, te puedes ir con tus amigas un fin de semana.

- ¡Dios mío! ¡Estás irreconocible!

- Ya, bueno, es que, bueno… quizás no es mala idea. ¿No crees?

Un silencio penetró. Una noche más apareció. Se levantó triste. No había notado tristeza hasta entonces. “No he hablado todavía con mi hijo”- se dijo a sí mismo- “Quizás no quiera hablar más conmigo”

Se fue al trabajo. Se sentó meditativo. “Tengo que concentrarme”- pensó. Volvio a trabajar duro para acabar el proyecto. Se lo entregó al jefe. Sin mediar palabra se fue. Acabó la jornada y pensó en comprarse un libro.

“Pensamiento positivo, este es el libro que necesito”- se dijo mientras cogía el libro del estante de la librería. Dos chicas pasaron junto a él. Dos chicas realmente guapas. Las miró y se acordó de la vez que flirteó con una compañera del trabajo. Retiró la mirada de las dos chicas, se sentía podrido y viejo. “Jamás se lo conté a Yolanda”- se dijo.

Se fue caminando a casa. “¡Dios mío, qué mierda soy!” – pensaba. Entró en su casa y fue a saludar a su mujer y a su hijo.

- Jorge, ¿te va bien todo?. ¿Te puedo ayudar?- preguntó a su hijo

- ¿Ayudar a qué, papá?-le inquirió su hijo mirándolo con cierta simpatía

- No sé, si puedo echarte una mano. ¿Tienes alguna pregunta a hacerme?

- ¿Alguna pregunta, papá?, ¿estás bien, papá?

“Lo sabía, el diálogo con un adolescente es francamente difícil”- se dijo a sí mismo. ¡Qué solo se sentía!. Se sentó en el sofá y empezó a leer. “Pensamiento positivo”- Al cabo de tres cuartos de hora se quedó dormido. Su mujer le retiró el libro. Se quedó mirándolo. Fue al cuarto de su hijo y le dijo:

- Jorge, tu padre tiene una pequeña crisis personal. No duerme bien. Ahora es cuando más nos necesita. Muéstrale un poco de cariño.

- ¿Qué le pasa?- preguntó su hijo

- Creo que cómo suele decirse, está abriendo los ojos.