Norman Rockwell
Nació un 3 de febrero de 1894 en Nueva York. Enseguida destacó por su gran facilidad para el dibujo.
Rockwell fue sobre todo un gran ilustrador, nadie como él reflejó, el sistema de vida estadounidense de su época.
Sus imágenes llenas de ironía, humor y ternura le dieron la fama y han sido copiadas por multitud de artistas.
Su infancia feliz influyó en su obra, tanto es así, que algunos le recriminaron la idealización con que reflejaba la vida cotidiana de sus conciudadanos.
A los quince años, abandonó los estudios para ir a la National Academy School y en 1910 se trasladó a la Art Students League donde aprendió anatomía e ilustración.
Aunque a lo largo de su vida desarrollo su actividad en diferentes lugares, su carrera, se verá siempre asociada a su trabajo como ilustrador oficial del Saturday Evening Post, una revista de actualidad y sociedad; su primera portada la realiza en 1916 y así continuó hasta 1963.
En 1923 sufre la primera de una serie de crisis de autoconfianza y decide ir a París y apuntarse a clases de arte, experimenta con el arte moderno.
Hasta que el editor del “Post” le pide que lo deje.
Viaja sin rumbo fijo al norte de África y Suramérica.
En 1941 monta su primera exposición individual, aunque con poca asistencia de los críticos.
En torno a los años treinta y cuarenta, entre otros temas, representó el clima hollywoodense del momento, intentó huir del clima bélico de la Segunda Guerra Mundial aunque realizó diferentes obras como el cuadro de carácter publicitario pro-soldados americanos. “Démosle suficiente y a tiempo”
1942. Inspirado por el discurso que hizo Roosevelt sobre “las cuatro libertades”. Decide pintar su serie de la “Libertades”, formada por varios cuadros: ”Libertad de la necesidad”, que representa a una familia reunida en torno a una mesa el día de Acción de Gracias, “Libertad de expresión”, “Libertad del miedo” y por último, “Libertad de culto”, considerada por muchos su obra maestra.
En la década de los años 50 y 60, Rockwell volvió a sus temas amables y tiernos, continuó reflejando la sociedad estadounidense: pintando imágenes navideñas, familias reunidas, viajes familiares en automóvil, interiores de tiendas o barberías, heladerías con niños, etc. Y también (como no) cuadros cargados de ironía como “El entendido” de 1962, donde representó a un hombre de espaldas observando un cuadro del pintor Pollock, perteneciente al movimiento llamado expresionismo abstracto, por el que Rockwell se sentía atraído.
El hecho de que supiera representar la realidad de una forma tan detallista y precisa, hacia contraste con sus intentos de carácter expresionista, los cuales, realizaba tanto a modo de burla como de estudio.
A mediados de los 60 y principios de los 70, Rockwell recuperó su crítica hacia la sociedad y también alabó valores del pueblo americano y de la raza humana en general.
Los cambios políticos que entonces sufría Norteamérica, entre ellos los de la integración de los negros, el racismo y la investidura del presidente Kennedy, fueron tomados e interpretados por Rockwell quién siempre defendió a las minorías y a los débiles. De este periodo destacan obras impactantes basadas en hechos reales como “El problema con el que vivimos todos” de 1964, donde representa con delicada intensidad a una niña negra que tiene que ir escoltada a la escuela, víctima de los insultos y agresiones de otros ciudadanos o el magnífico lienzo “La regla de oro” de 1961, donde queda patente su pasión por la defensa de los derechos humanos, su religiosidad y su respeto a todas las razas.
Rockwell fue una persona profundamente reflexiva, se sabe que sufría pequeñas depresiones constantes, y también grandes crisis de autoconfianza con respecto a su trabajo. No se sentía integrado en las corrientes artísticas de la época.
La ilustración había pasado a ser un arte poco valorado en el sentido artístico, el artista se quejaba de que “nunca iba a poder crear una gran obra, una obra maestra”. Se sentía inseguro al ver la creación de otros pintores, a pesar de todo, siempre intentó ser coherente consigo mismo:
“La historia de mi vida es, en realidad, la historia de mis cuadros y cómo los hice. Porque, de un modo u otro, todo cuanto jamás haya visto o hecho está en mis cuadros”
Independientemente de lo que sintiera, de sus dudas, y su infravaloración cuando se comparaba con otros pintores de su tiempo a los que admiraba, no tenía nada que envidiarles.
Rockwell, era un pintor-ilustrador básicamente realista, su excepcional facilidad para el dibujo y el detalle y su perspicacia y poder de observación, le convirtieron en un gran artista.
En cada una de sus obras hay plasmado un relato, una historia completa de una situación cargada de cotidianidad y psicología.
Recuerdo haber visto ilustraciones de Rockwell cuando era niño, aunque fuera a nivel publicitario, sin embargo actualmente me parece un artista desconocido en España.
Tiene una obra inmensa, yo buscaría un poco, y estoy seguro que sus temas, su estética, su humor y su ternura como mínimo, os hará sonreír.
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