La reforma integral era una excelente oportunidad para remodelar el patrimonio ruinoso de familias enteras en el barrio portuario de mi ciudad. No obstante, fue asombroso observar como tuve que lidiar entre vecinos para llevarla a cabo. “¿Usted no sabe cuánto se ahorra en cada bombilla que tiene que cambiar por fundida cada dos por tres por tener estas instalaciones tan obsoletas?-“-llegué a exclamar a lo desesperado con ellos pues ni un euro querían añadir para completar la financiación necesaria. Cierto que los fondos públicos eran atrayentes y por ello se trataba de todos los modos de no perder la ocasión. Así finalmente aduje de manera sutil que se trataba de hecho de juridiscción forzosa, ¡ni más ni menos!. ¡Tanta lucha política me llevó a coger un catarro que me duró dos meses!. Después de tres años de intensa dedicación no obtuve ni un pequeño premio como un simple reconocimiento de los beneficiarios que al fin resultaron ser muy activos en la consecución de las obras.
Dejadme que os explique un sueño que tuve: véase un yacimiento de diamantes, escondido entre montañas en la África más profunda. A continuación aparezco yo, con falda y camisa, encontrando dos diminutos diamantes, tan deseados por los propietarios de la mina, a vista de un compañero. Se me ocurre una triquiñuela para apoderarme de uno de ellos: le doy un diamante a mi compañero que va vestido de frac y yo me quedo con otro. El sueño se acabó y yo me levanto tranquila de llevarme un diamante a casa. No es de extrañar que tuviera este sueño pues después de un juicio donde las pruebas parecían migas de pan a seguir en un laberinto para hallar el motivo de desfalco, el veredicto tuvo toda la pinta de ser un pacto secreto entre abogados.
SOL Y PLAYA
Sabía que había llegado el verano cuando oía los petardos de San Juan explotar en medio de la algazara infantil. Las plazas se llenaban de gentes con sus chanclas de verano. Se les veía contentos y festivos, todos ellos como si de celebraciones de cumpleaños se tratase. Siempre pensé que estas festividades aglomeradas eran producto de la herencia cultural de mis gentes pero debo decir que yo no compartí en demasía esta afición. Me sentía mucho más en mi terreno cuando se trataba de competir en acontecimientos deportivos siempre con el ansia, consciente o inconsciente, de ser el campeón de una cursa. En algo salí a mi padre: el individualismo me define y todo aquello con aire social, sinceramente, me obliga a adaptarme. ¿Será por ello también que he preferido toda mi vida la marcha lenta e ineludible de la montaña frente a los encuentros de sol y playa?
EXPUESTO AL SOL
No es facil ser vástago de una família insigne de la nobleza castellana. Es cierto que no me faltan comodidades ni tan siquiera carezco de propiedades o fondos económicos pero… pesa el título. De hecho descubrí como se siente un vértigo inesperado cuando se demostró que mi descendencia noble era cuestionable. Ante la lluvia de mofas y críticas, mi postura y comportamiento no varió. Seguí con la cabeza bien alta aunque al borde de un precipicio moral que luego llegó ser de tipo jurídico. Entonces poco acostumbrado a cualquier desaire social, necesité de una brújula psicológica para salir airoso. En fin que fui expuesto al sol como un carámbano reluciente en pocos minutos en deshielo.
Tengo que decir que me ha resultado algo difícil hablar de dignidad cuando he nacido en un ambiente donde el más fuerte tenía la sarten por el mango. No sinrazón algunos aducen que lograr un mundo igualitario es una utopía difícil de conseguir. Para ser algo ecuánime se necesita tener un buen estómago a la práctica diaria. En todo caso, permítanme que deje de filosofar y me entretenga en la cocina para cenar un buen gazpacho, un fricandó de muerte y un yogur griego. Todo sea que con tanto darle a la cabeza necesite asistencia médica. Dejo al lector que continue divagando y yo me entrego a ser digno de mi placer culinario.
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