El estrés es una de las lacras actuales más conocidas. La sufrimos todos o casi todos. La primera pregunta que nos hacemos cuando observamos que estamos bajo sus efectos es como combatirlo. Existe dos vías: una es referente a actuar sobre las causas y otra sobre como actuar sobre los efectos. En el primer grupo encontramos vías como verificar la realidad y no suponer hechos adversos sin confirmación, relativizar la gravedad de los hechos o abordar conflictos interpersonales hablando con terceros sobre el tema.
De bien es sabido que tensiones sociales, debido a individuos/as con mayor dominio jerárquico o de carácter, provocan un nivel de estrés que debe ser abordado de forma que aparezcan en nuestro entorno asociaciones personales de mayor afecto y concordia. De hecho, la cooperación y el buen trato ayudan a que la sociedad sea mejor y eso en términos de estrés significa que nuestra salud psíquica, emotiva aumenta.
Como comentaba, también se ayuda a combatir el estrés sobre los efectos. En este grupo encontramos puntos como percibir a tiempo o previsión suficiente las situaciones que estresan, respirar siempre profundamente un minuto, buscar si se requiere ayuda de profesionales externos: abogados, psicólogos, médicos y compartir los sentimientos con los demás. Lo que hay que tener en cuenta del estrés es que sobreviene por la secreción de dos hormonas, la más destacada es la adrenalina. El efecto del cuerpo humano es bombear sangre hacia la zona muscular obviando las demás zonas (incluyendo la inmunológica y la cerebral). Esto es lo que ocurre: reaccionamos visceralmente ante una situación sin pensar. Por ello es conveniente que ante una situación de estrés – siempre que no nos vaya la vida en ello- contemos hasta 10 para sencillamente no meter la pata. Cuando una persona se valora a sí mismo y no se ve sometida por los demás congéneres, y mantiene una vida equilibrada y tranquila: tiende a mantener una buena dosis del sistema inmunológico, una buena secreción de dopomina como neurotransmisor del sabor a los placeres de la vida, una buena concentración mental.
Existe también una correlación entre el envejecimiento prematuro y el nivel de estrés. Ya veis pues que una situación prolongada de esta enfermedad tan actual puede llegar a tener consecuencias graves. Por ejemplo, la úlcera estomacal es consecuencia de la acción de unas bacterias dañinas. Sin embargo, casi todo el mundo tiene estas baterías en su cuerpo. Lo que provoca que proliferen y dañen el estómago es la bajada súbita y constante del sistema inmunológico (blanco predilecto del estrés).
No es ninguna broma recomendar a una persona que se ve sometida a presiones personales o laborales a tener una buena alimentación, a hacer ejercicio físico de forma regular, a aprender técnicas de relajación o meditación cuyo punto de inicio es una buena respiración: mantener la atención en puntos como la respiración y otro objeto evitando una mente llena de pensamientos dispersos que vuelan de aquí para allá o de una laxitud concentrativa que no es más que la antesala de la pereza intelectual.
También es importante dormir bien. También es recomendable que cualquier esfuerzo físico o intelectual sea controlado por la persona. Por ejemplo, sería interesante concentrarse una hora como máximo e ir descansando en periodos cortos para sostener el esfuerzo. En el nivel de estrés cuenta mucho los aspectos culturales, el control que uno tenga sobre su propia vida, la autoestima y el buen entorno social. Habría que añadir que es bueno buscar una satisfacción con reconocimiento por parte de los demás en el ámbito laboral, asociativo o de aficiones, y en el nivel afectivo-personal.
Por último quisiera decir que hay situaciones de estrés que son naturales para la mayoría de las personas: el cuidado de los hijos simultaneado con la gestión laboral es uno de ellos. El cuerpo como el cerebro tiene capacidad de regeneración y de un buen control de nuestra vida depende mucho.
lo sabia, pero combiene recordarlo, gracias Silvia! Laura
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