jueves, 27 de enero de 2011

ESCRIBIR SOBRE MÚSICA

Artículo de: Vicens Urpi

Inteligencia militar ó crecimiento sostenible son expresiones contradictorias formadas por dos términos contrapuestos. Lo mismo se podría decir del título que encabeza estas líneas. Lo primero que me vino a la cabeza cuando Silvia me propuso colaborar en este blog fue la celebre frase de Frank Zappa: “hablar de música es como bailar de arquitectura”. Lo dijo un genio.

Frank Zappa hace referencia al supuesto absurdo que supone querer intelectualizar sobre un proceso creativo, así como a la dificultad de adjetivar ó de transformar en literatura sensaciones, imágenes ó emociones que surgen de algo tan abstracto como unas notas de jazz ó una pieza de Satie, por poner solo dos ejemplos.

Desde un punto de vista enciclopédico y crítico existen ya en internet miles y miles de páginas que glosan y desmenuzan estilos, grupos y bandas de rock, jazz, blues, soul, funk, folk, psicodelia, pop, clásica, contemporánea, electrónica..., cualquier cosa que busques. Tengo pruebas: no he conseguido acabar una página acerca de temas relativamente minoritarios como la Incredible String Band, Peter Hammill ó grupos de Krautrock de serie B, sin averiguar antes que hay blogs completísimos y muy bien documentados que aportan toda clase de información posible.

Así las cosas, me decido a poner en práctica el plan B: contar mi pequeña anécdota, algo en primera persona, retales de recuerdos que vagan en la memoria desde los tiempos en que no había facebook .

(Erase una vez)

No levantaba dos palmos del suelo y en casa había un artefacto que me atraía sobremanera. Era una maleta mágica. Lavis, se llamaba Lavis, con un “pick-up especial para microsurco” y era redondo como la etiqueta del coñac Fundador. Mi padre me enseñó a hacerlo funcionar desde bien pequeño; tengo grabado el ruido que hacía el pesado brazo cuando lo echabas hacia atrás para hacerlo funcionar, era así como un “crchk”.

El Clavelitos de la tuna, crchk, uno de Renato Carosone, crchk, uno de sardanas, crchk, Les Baxter, crchk, Ray Conniff, crchk, Nina& Frederick, crchk , una de Chopin, y así cada día, hasta que con diez años descubrí a los Beatles en una emisora de radio y aquello ya fue el no parar. Pero eso ya es otra historia de adicciones duras.

Quería pararme en algunos de esos “crchks“. Casi todo eran EP’s, por supuesto., discos de 7 pulgadas a 45 rpm, generalmente con dos canciones por cara, porque tenían dos caras, la A y la B. (Todo esto parece una broma muy obvia, pero si hay algún lector de menos de 14 años tal vez desconoce totalmente el funcionamiento de un vinilo, tanto como que el pollo tenía plumas antes de llegar al horno)...

Una de las joyas de la corona era un disco de un tal Ira Ironstrings, una orquesta interpretando villancicos en clave de sonido dixieland. Era una revelación gratificante escuchar Jingle Bells ó Rodolfo el Reno con banjo, vibráfono y un piano muy ragtime e imaginarse bailando a la mula con el buey, la virgen con el palomo y San José dándole al contrabajo... Y mención especial para el título I Saw Mommy Kissing Santa Claus. Navidades picaronas.

Hablando de bueyes, otra perla. Rosita Quintana , una cantante de rancheras , me obsequiaba con estos versos sublimes:

Que culpa tienen los bueyes‘n / de que les salgan los cuernos‘n / que culpa tienen las suegras‘n / de no querer a sus yernos’n...
Escrito pierde parte de su gracia, (lo que decíamos al principio) pero la canción - ahora reeditada en una serie de Rancheras Vintage y disponible en Spotify-, tiene un punto bizarro que según el momento puede servir para quitar el hipo (del susto).

Otro incunable. Tullio Gallo y su orquesta hacían un notable ejercicio de eclecticismo sin fronteras al titular genéricamente como “Opera en twist” otra galleta de cuatro piezas de bel canto con arreglos para big band de charanga. El barbero de Sevilla, Guillermo Tell y dos fragmentos de Rossini son interpretados a ritmo de baile de salón de corbatas desabrochadas y tacones un pelín ebrios, para amantes de fusiones imposibles.

Don Lang y sus Frantic Five eran los intérpretes de la mejores versiones que he escuchado jamás de dos clásicos: Tequila, en una grabación extraordinaria para la época (el disco es de 1958), y Witch Doctor, con el famosísimo estribillo:

"Oo-ee, oo-ah-ah, ting-tang, walla-walla, bing-bang", de revoluciones aceleradas que debía causar furor en la prehistoria de los guateques anteriores a los 60. El autor de la canción era un tal Ross Bagdasarian.


Bagdasarian fue el creador de los Chipmunks de David Seville (seudónimo del propio autor), hoy más conocidos gracias a las películas de Alvin y las ardillas. La primera vez que The Chipmunks aparecieron oficialmente fue en una canción infantil lanzada por Bagdasarian en el otoño de 1958.La canción presentó las habilidades musicales del trío de ardillas computarizadas. Una frase del coro de la canción, cantada por Alvin, lo muestra deseando un hula-hula juguete de moda. La canción es una pequeña delicia infantil y fue el inicio de un fenómeno musical y televisivo que ha llegado hasta nuestros días.

Mucho más triste es la historia que he dejado para el final. La hermana Sonrisa era Soeur Sourire en el original y The Singing Nun en inglés. Su nombre real era Jeanine Deckers y fue dominica misionera del monasterio de Fichermont, de ahí viene su otro nombre, Luc-Gabrielle. En 1963 llegó a vender 500.000 discos en Estado Unidos, todo un hito, teniendo en cuenta que era una colección de sus propias canciones religiosas cantadas en francés y tocadas con el acompañamiento de su guitarra. La canción Dominique fue nº1 y un éxito considerable en medio mundo, rescatada en los 90 en una desternillante versión techno mix.
La vida de Luc- Gabrielle resultó tan sorprendente como trágica. Dejó el convento en 1966, se reveló lesbiana, fundó una escuela para niños autistas y pronto tuvo muchos problemas económicos que le llevaron a las drogas y al suicidio en 1985. Abrumada por cobradores de impuestos, según reveló en una nota, los royalties de sus éxitos en los años 60 fueron a parar al convento, que tenía los derechos de “Dominique”

« Dominique-nique-nique s'en allait tout simplement
Routier pauvre et chantant
En tous chemins en tous lieux il ne parl'que du Bon Dieu
Il ne parl'que du Bon Dieu. »

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