CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN
Trabajar en una empresa familiar tiene un serio problema. Lo comprobé cuando me contrataron para formar parte de una gran empresa y tuve que asumir negociaciones con el Consejo de Administración. Acostumbrada a las órdenes de un sargento unipersonal no supe al principio encajar lo que era convencer a una audiencia múltiple con intereses diferenciados. Así tuve que ahondar en una buena oratoria, pura retórica en ocasiones como si de un relato se tratara. Las cuentas, fiel reflejo de una buena o mala gestión, eran algo pasajero en el intrincado mundo de los negocios. El mercado, oferta y demanda donde diariamente manos se mueven, de aquí para allá, subiendo y bajando precios, voluble en su misma naturaleza. Todo esto era lo que aquellos corazones del Consejo de Administración vigilaban y, con mayor o menor delicadeza, te lo hacían saber.
PAN Y CIRCO
Recordaba a mi nieto que los romanos prometían pan y circo a la plebe. Una simple remolacha bien cocinada es un manjar exquisito. Por lo tanto si nos conceden algo de pan y lo cocinamos bien podemos sentirnos contentos. He aquí que mi nieto sin disculpa alguna objetó: “Yo quiero algo más de pan, quiero viajar y conocer mundo”. Evidentemente no se sentía parte del pueblo sino algo aristocrático. Veamos, le dije, si te vas al centro de Barcelona puedes encontrar gentes de todas partes del mundo. No hace falta una instancia para poder entablar una conversación con gentes de otras culturas. “Me falta algo”- añadió todo serio. “Me falta el salir de mi pequeño mundo”. He aquí una gran verdad pero para viajar, en el sentido más amplio de la palabra, se necesita tener ya una mente preparada. No desvirtues cada día de tu vida. Prepárate con lo que esté a tu alcance – le contesté ante un rico plato de remolacha.
A VISTA DE PÁJARO
No es que quiera dármelas de sabia pero mi más profundo deseo ha sido siempre ver las cosas con una distancia prudencial. En mi familia originaria se tendía a juzgar con excesiva prisa los hechos y no dejaban el tiempo suficiente para que las cosas se mostrasen poco a poco con claridad. Mi hermano se quedó en el paro así que todo tipo de conjeturas salieron a la luz. Unos decían que desde que era un niño era vago. Otros decían que le faltaba negociación y otros aducían su falta de preparación. Lo cierto es que me mantuve callada por falta de conocimiento de causa. Finalmente y casi- como suele pasar a menudo- por casualidad llegó a mis oídos que su plaza había sido ocupada por la hija de un jefazo de la compañía. Sin más, decidí apoyar a mi hermano y le ayudé durante tres años a preparar nuevos campos. Cierto que un día me confesó que hubo un sentimiento por medio en el último año de trabajo, pero sinceramente no insistí.. eso formaba parte sólo de su vida íntima.
INTRIGAS
Siempre he procurado tener valentía al poner en marcha un nuevo proyecto. Esta vez el proyecto debía contar con la ayuda de tres colaboradores y dos inversores. No se conocían entre sí, con lo cual, salvo un mar de dudas en cuanto a conseguir un buen equipo; esgrimía mil razones positivas para llevarlo a cabo. Al cabo de tres meses me llegó notícias a través de un colaborador: ¡Ojo con Joan! – me llegó a decir taxativo. Estas noticias suponían un trajín en nuestro diario quehacer pues se medían las palabras, se vigilaban los gestos, se dudaba de la veracidad de acciones… Tras cinco meses de sospechas y bagatelas, chafarderías y demás desconfianzas , el principal inversor presentó su desistimiento. Algo cansada de tanto obstáculo inquirí al inversor en pie si quería aumentar su capital. Para sorpresa mía, aceptó. ¿Qué pasó con Joan?.Pues que llegó a ser el capitán del proyecto y uno a uno fuimos cayendo en el olvido.
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