lunes, 29 de octubre de 2012

El silencio: el gran amigo.

Sin duda no se vive igual el silencio cuando ha venido acompañado de abandonos, desprecios o castigos. En estos casos se vive como un mal. Sin embargo, para la mayoría de la gente el silencio es un gran descubrimiento. Si se busca o se encuentra de forma fortuita y nos dejamos llevar por él hallaremos todo un antídoto contra confusiones mentales, necesidad constante de cotilleos o chismorreos, teleadicción, o necesidad constante de llamadas por el móvil. En todo caso, el silencio es un elemento instructor para encontrarse uno mismo y, cosas curiosas, en la calma silenciosa también aparecen muchas creatividades.

Una de las consecuencias inmediatas de estar en silencio es que la cabeza no para de pensar. Dicho de otra forma, sin ocupación nuestra cabeza lanza idea tras idea con un desconcierto palpable. Para poner orden a tanto desasosiego mental, existen técnicas como la meditación, el reposo, caminar por la naturaleza o sencillamente la calma. Es necesario eso sí repetir la experiencia de forma algo continuada. Las personas que practican el silencio suelen estar entre media hora o una hora a poder ser diarias. Se puede combinar con algun trabajo manual que no requiera mucha concentración mental.

En el silencio cuentas tú, solo tú. Te permite tener una actitud contemplativa y poco a poco vas ganando en concentración. De alguna manera el silencio ayuda a aceptar que cada cosa tiene su tiempo y que hay que saber tener tiempo para cada cosa. La dimensión de gratuidad y agradecimiento por muchos momentos y cosas que nos pasan a la vida está servida.

Cuando nos encontramos a solas nos suele venir siempre el mismo argumento, la misma palabra que de alguna manera conforma un automatismo mental. No conviene reprimirla sino simplemente escucharla, verla sin juzgarla. Se trata de ganar consciencia del momento. Esto ocurre también con hechos del pasado y con proyecciones del futuro- sobre todo si nuestra vida se moldea a base de ocupaciones continuas-. No es ninguna broma que saber respirar- con sus profundas inspiraciones y expiraciones- sean un factor fundamental para la salud. Respirar conlleva una simbología de estar atentos a recibir y atentos al dar. Así escuchamos los sonidos de nuestra propia vida.

La vida está llena de continuas decisiones, simples o complejas. El silencio nos ayuda a ver en panorámica qué camino estamos escogiendo y a parar – aceptando momentánemante un ciclo bajo de actividad – que nos ayude a regenerarnos. No se trata de huir sino de mantener un tiempo de relajación suficiente para encauzar mejor los pasos.

Obviamente todo esto tiene una repercusión en nuestro mundo afectivo y en cierta manera nos permite reflexionar en evitar que nos manipulen pero también que nosotros manipulemos a los demás.

Creo que cualquier estancia de silencio – en donde se pueda llevar a cabo – significa un leve renacimiento, se pisa el terreno más íntimo y nos hace ser menos proclives a dependencias del ruido externo.

Otra de las consecuencias del silencio es que se va mejorando la actividad de la escucha frente al continuo parloteo. La escucha activa es reconfortante y necesariamente lleva a canalizar mejor los verdaderos diálogos con los demás. También favorece darse cuenta de aquellas creencias que tenemos, las cuales a veces no son propias sino adquiridas sin la más leve reflexión.

Cuenta una leyenda que un chico quiso ir a la montaña a hacer silencio y que después de un tiempo se aburría. Finalmente bajó de las cimas sin mucha alegría por la experiencia. Conforme iba bajando, vio un río y sintió los sonidos del agua agitada. Cuando pasó por un bosque se percató de los bellos que eran los pinos como si nunca se hubiese fijado en ellos. El lenguaje del agua es el lenguaje del silencio. Entonces se dio cuenta que desde que había estado en silencio en las cimas, oteaba todo su entorno de otra forma diferente.

Las personas que saben meditar dicen que existe un peligro paralelo cuando no se sabe hacer bien la meditación. Se trata de aislarse del mundo. El silencio trata de favorecer el conocimiento del mundo interior pero con vistas a no aislarte sino a vivir con tu entorno y los demás.

A la hora de hacer camino, es importante nuestro sendero.



1 comentario:

  1. Silvia, me encanta como escribes, como te expresas... Yo he tenido experiencias muy bonitas en mi silencio en casa y en mi silencio en el medio natural.

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