INVERSION
Las noticias de economía de prensa nos hablan continuamente del nivel de inversión privada y pública. Sin embargo, somos poco conscientes de la importancia que tiene este término en la vida cotidiana de las personas. Toda inversión es un sacrificio de recursos líquidos de hoy en pos de un futuro donde se presentaran ganancias gracias a ella. En contabilidad invertir queda reflejado en el capítulo de inmovilizado que comprende recursos inmobiliarios y suelo, mobiliario, vehículos, equipos para procesos de información, investigación, patentes y marcas, entre otros. No es casual que el monto total de inmovilizado se equipare al nivel de autofinanciación de la empresa y las deudas a largo plazo. Todos estos casos tienen en común que su durabilidad se presume mayor de un año, que se reponen a través de amortizaciones anuales y que son la base de la actividad corriente.
La inversión significa asegurar recursos en el futuro diario. La inversión presupone una mente previsora de necesidades futuras a cubrir. Entabla en sí misma una lucha de apuesta estratégica ante la incertidumbre del futuro. Por ello, toda inversión debe realizarse con una gran adaptabilidad a la realidad del presente: es decir, reconocer tu posible nivel de endeudamiento a soportar, tu nivel de fuerzas y tiempo para el proyecto de futuro; y también necesita de una planificación constante. La inversión exige economía, tiempo y debe tener una visión a largo plazo. Es esencial el concepto de amortización como la reposición del bien sobre el que se invierte.
Pero, ¿cuántas veces hemos oído la expresión de invertir en educación, en sanidad?. La inversión se asienta sobre el concepto de patrimonio a consolidar para obtener una autonomía económica y social. Por lo tanto, cuando se invierte en educación es para obtener una autonomía a través del mercado de trabajo y fortalecer las herramientas en la consecución de un excedente, término en el que entraremos seguidamente. Cuando se invierte en salud es para lo mismo, conseguir la ansiada autonomía mental y física para levantar un hogar, una empresa, una ciudad, una familia o un país.También invertimos en nuestra vida privada ya que nos ofrece una estabilidad afectiva. Invertimos en cultura como avance de conocimientos y redes sociales.
Toda inversión se inicia con fe en nosotros mismos y en las circunstancias que nos rodean. Aprendemos que nuestras habilidades para afrontar el día a día unidos a esta inversión, nos ayudará en nuestro caminar. No obstante, vale la pena resaltar que no hay inversión sin ahorro previo. Tampoco hay ahorro sin un excedente. El excedente es un término crucial en economía. El excedente es el sobrante tras una operación de resta entre ingresos y gastos; entre renta generada global y las rentas repartidas a los agentes económicos. Una economía promete futuro si a su potencial se le une el excedente. Conseguir este margen es ir más allá del mantenimiento y trazar recursos de nuevas vías.
La inversión puede nacer de una idea incrementalista o bien novedosa. En el primer caso, se invierte de forma gradual dentro de un modelo o comportamiento de empresa, de vida de tipo regular. Los parámetros no cambian. Estos son: valores, relaciones, procesos o estrategia.
Por ejemplo: una inversión en una vivienda para habitar no es en principio una inversión incrementalista sino de novedad por el alcance de las consecuencias. Una inversión en un master derivado de tu trabajo cotidiano en principio es incrementalista pues sigue la línea vital con la que se contaba. Una inversión en un proyecto de investigación de nuevo combustibles es novedosa por el ámbito que abre. Tambien es novedoso el cambio de valores sobre el que nos sustentamos pues nos llevarían a modos de conducta diversos.
En todo caso, cabe destacar esa apuesta por un futuro incierto pero más seguro. Toda inversión ofrece en sí misma seguridad a partir del riesgo inicial. No todas las opciones reales son exitosas, se puede fracasar yendo por el buen camino porque intervienen factores del entorno que exigen una adaptación. Si esa adaptación se ve acortada por el peso de la inversión puede fracasar el intento, por ello es preferible siempre contar con la máxima información previsible posible: de donde partimos, con que contamos y a donde queremos llegar y nuestra capacidad y oportunidad en el camino propuesto.
Por último , cabe preguntarse cuándo hay que invertir. Pues bien, este proceso no acaba nunca. Siempre hay que invertir o bien ahorrar para reponer futuras inversiones. Lo que se hace hoy influye para el mañana y el presente es demasiado fugaz para retenerlo.
martes, 29 de diciembre de 2009
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En primer lugar, gracias por simplificar tanto las cosas para los que somos profanos en economía, y por escribir. Solo dos reflexiones, la primera es que para nosotros se ha acabado la inversión, como bien apuntas esta sale del excedente, del ahorro, y si bien todos las micro sociedades que suman el país, (empresas y familias), tienen en estos tiempos de crisis a contenerse y ahorrar, lo cierto es que con la próxima subida del IVA, los pocos ahorros con los que contemos se irán al traste. En segundo lugar, en cuanto a la inversión en educación para los políticos juegan otros parámetros que a mi entender se les ha ido de las manos. CONTROL, el sistema educativo se ha ido reformando a la finalidad de obtener borregos fáciles de manejar, el problema es que además de borregos, han creado lo que los psicólogos llaman la generación nini, (ni estudian, ni trabajan), y eso es una lacra terrible imposible de soportar por cualquier sociedad desde un punto de vista de utilidad social y económica.
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